Corpus Lux

Photographs by ALEX GUERRA «The singular perception of eroticism is an inextinguishable door to the imagination, fullness, fascination and transcendence…» Jorge BustamanteThe brightness of the skin refracted and condensed by honey, earth, flowers, coffee, and pomegranate, returns us the extraordinary and original sense of nature and its generous expression.The photographs of Alex Guerra (Etúcuaro Mich., 1978) bring us to a state of virginal sensuality, a state wherein the unique textures of skin seem to be discovered for the first time, a state of newness and eloquence revealed when skin is covered in organic matter.The content of his work reminds us of Japanese drawings and prints, the sculptures of Hindu temples, and the erotic poetry of Octavio Paz, Tómás Segovia, Enrique González Rojo, or Konstantin Cavafis.Other visual artists from Michoacan, such as Marco Antonio Lopez Prado, Miguel Carmona, Enrique Ortega, Rafael Flores and Javier Marin, have integrated various elements of nature into their work, and now Alex Guerra uses elements from nature to achieve a portrayal of the female body as seductive and voluptuous while simultaneously creating playful scenes that may be unfamiliar but nonetheless draw us toward full and seductive contemplation.In some of the photographs the artist’s gaze becomes subtly voyeuristic as he aesthetically scrutinizes how red earth, diluted coffee, avocado, and honey and flowers on bare skin emulate the brilliant warmth and glow of skin interwoven or caressed. In a world in which man seems to be determined to demote and extinguish this admirable vision, Guerra strongly reminds us that the languages of body and nature share an expressive clarity and similarity that human beings should learn to listen to and value.These photographs can also be defined as chronicles of an instant, remembering writer Salvador Elizondo, letting us as viewers feel as though we’ve ventured into a series of poetic images that we will stay engraved within us. Gaspar Aguilera Díaz Morelia ,Mich., Invierno de 2016.

La singular percepción del erotismo es una puerta inextinguible hacia la imaginación, la plenitud, la fascinación y la trascendencia… Jorge Bustamante La luminosidad de la piel refracta y se condensa con la miel, la tierra, las flores, el café, la granada, y nos devuelve el sentido maravilloso y primigenio de la naturaleza y su expresión generosa.Las fotografías de Alex Guerra (Etúcuaro Mich., 1978) nos remiten a ese estado de virginal sensualidad en el que se está descubriendo por primera vez la textura incomparable de esa piel hospitalaria que en su contacto con la materia orgánica adquiere otra elocuencia.El contenido de esta obra nos remite a los dibujos y grabados japoneses, a las esculturas de los templos hindúes, o a la poesía erótica de Octavio Paz, Tómás Segovia, Enrique González Rojo o Konstantin Cavafis. Hay que señalar que artistas visuales michoacanos como Marco Antonio López Prado, Miguel Carmona, Enrique Ortega, Rafael Flores y el escultor Javier Marín, han integrado a su obra plástica diferentes elementos de la naturaleza, y ahora Alex Guerra logra esta seductora combinación en el voluptuoso cuerpo femenino – aunque también incluye fotografías de personajes masculinos-, dando por resultado escenas lúdicas con las que tal vez no estemos muy familiarizados pero que indudablemente nos aproximan a una contemplación sugerente y plena.En algunas de las fotografías la mirada del artista se convierte en sutil voyeurista que escudriña estéticamente esas misteriosas y atractivas texturas sobre la piel logradas con tierra rojiza, líneas diluidas de café, aguacate, miel o flores recordándonos la brillantez cálida y la humedad de cuando las pieles se encuentran, entrelazan o acarician.En un mundo en el que el hombre pareciera estar empeñado en degradarlo y extinguirlo, esta admirable visión de Guerra nos recuerda de manera contundente que los lenguajes del cuerpo y de la naturaleza comparten esa claridad expresiva que el ser humano tiene que aprender a escuchar y valorar.Fotografías que también podrían definirse como – crónicas de un instante – recordando al escritor Salvador Elizondo- , y que nos dejan finalmente a los espectadores la sensación de habernos adentrado en una serie de imágenes poéticas que se nos quedarán grabadas para siempre. Gaspar Aguilera Díaz Morelia ,Mich., Invierno de 2016.